María paloma fernández-pacheco de larrauri La sagrada forma irradiaba luz

María paloma fernández-pacheco de larrauri La sagrada forma irradiaba luz

 

Doña María Paloma Fernández-Pacheco de Larrauri

 

María Paloma, fundadora de la revista "Garabandal, nuevo Pentecostés", había llegado al pueblo de San Sebastián de Garabandal en la madrugada del día 18 de julio de 1962 y fue viviendo aquella jornada como tantos otros que esperaban.

El 18 de julio de 1962 era el día tan esperado del milagro de la Comunión visible de Conchita de manos de San Miguel Arcángel, que había sido anunciado con dos semanas de antelación. Conchita llama a este Milagro el "milagrucu", un milagro pequeño, en comparación al gran Milagro que va a venir.

Cuando Conchita salió extática de su casa, María Paloma, que llevaba mucho tiempo aguardando fuera, no pudo seguirla por la cantidad de gente que iba tras ella y por esta razón no pudo presenciar por sí misma la Comunión visible pero sí que fue testigo de lo que aconteció inmediatamente después.

Resignada de no poder seguir a Conchita, tiró entonces por otras calles y pausadamente anduvo divagando durante un rato mientras percibía de lejos el ruido de los que iban con la vidente. Pasó un buen rato y la niña, después de comulgar, iba camino de la Iglesia.

De pronto oyó una emocionada exclamación:

-- ¡Ay! ¡La lleva en la boca!.

Echó a correr hacia donde había salido el grito. La Santísima Virgen llevaba a la niña y a la gente que la seguía al pórtico de la Iglesia, siempre cerca de donde está Jesús en el Sagrario.

 

En el pórtico de la Iglesia se había dispuesto un amplio círculo entorno a Conchita; las linternas convergían sobre ella con sus haces de luz, pero imponiéndose a toda aquella luz había otra LUZ, un precioso resplandor que envolvía la boca de la niña.

Paloma se situó en la parte izquierda del pórtico y pudo comprobar perfectamente, durante unos minutos, de frente, este resplandor.

Dice Paloma:

Era como si en el centro de la boca entreabierta, sobre la lengua de la niña, hubiera una Hostia o "Forma" de luz concentrada, que irradiaba en torno una pequeña aureola de claridad, de distinta claridad.

Otras personas que estaban allí también lo vieron. Conchita prosiguió el rezo del rosario por las calles, visitó el cementerio, y al volver de allí, nada más pasar el arroyuelo, se arrodilló y avanzó en esta posición como unos cincuenta metros.

Finalmente cantó la salve y fue a concluir la visión donde había comenzado casi dos horas antes, no sin antes haber dado a besar a la Virgen los muchos objetos que se habían depositado sobre la mesa de la cocina de su casa.