María Josefa Villa de Gallego Testigo del Milagro de la Comunión visible de Conchita

María Josefa Villa de Gallego Testigo del Milagro de la Comunión visible de Conchita

 

María Josefa Villa de Gallego

 

Dice María Josefa:

Este hecho  se produjo el día 18 de julio de 1962 en Garabandal. Conchita ya había anunciado con anterioridad que iba a suceder y así se lo comunicó a algunas personas que ella había conocido durante las apariciones; a unos lo hizo por carta y a otros personalmente en Garabandal.

 

Mi marido y yo, reunidos con algunos amigos, subimos al pueblo.

Pasamos la tarde charlando con unos y con otros y, a pesar de todo, la espera se nos hizo un poco larga, pues nos parecía que nunca iba a llegar la hora anunciada; es normal, siempre que se espera algo importante las horas se hacen siglos y eso es lo que nos pasó a nosotros hasta que llegó el momento deseado.

En el pueblo se celebraba la fiesta y había baile. Después nos dijeron que la Virgen había dicho a Conchita que mientras durase el baile el Angel no vendría a darla la Sagrada Comunión anunciada.

A la espera del acontecimiento anunciado había un gentío impresionante; entre otras personas destacaba la presencia de un ministro del gobierno de ese tiempo.

Mientras transcurría el día, Conchita estuvo en todo momento sin salir de su casa rodeada de algunos sacerdotes, su hermano, su madre, su prima Luciuca, una señorita apellidada Fontaneda de Aguilar de Campoo, Don Placido Ruiloba y otras personas. Todo esto se hizo para poder dar fe que no había nada preparado y evitar posteriores juicios sobre la existencia de cualquier tipo de fraude.

Al llegar las doce de la noche y no producirse el anunciado milagro algunas personas decepcionadas abandonaron el pueblo.

Llegó cerca de la una de la madrugada, aproximadamente, había pasado ya una hora del momento anunciado, pero en realidad eran cerca de las 12 de la noche pues había una hora de adelanto con respecto al sol.

Pidieron que abandonasen la habitación de Conchita, pues tenía que cambiarse la falda; sólo quedó con ella su prima Luciuca.

Seguidamente, la niña entró en éxtasis, se abrió la puerta, salió a la calle y unos metros más adelante cayó de rodillas, encerrada dentro de un cordón de mozos del pueblo y algunos miembros de la Guardia Civil; de no haber sido así la hubiese aplastado la muchedumbre que, al verla caer de rodillas, se abalanzó sobre ella para poder presenciar el prodigio que se había anunciado.

 

 

Prosigue el relato de María Josefa:

Una vez arrodillada rezó el Yo Pecador, esperó un instante, abrió la boca y sacó la lengua. Tenía como siempre la cabeza hacia atrás formando con el cuello casi un ángulo recto, algo que a nosotros nos parecía imposible poder soportar y que ella aguantaba durante horas, de las cuatro niñas era la que más pronunciada tenía esa inclinación.

Los testigos que pudieron situarse a su lado vieron, según declararon posteriormente, su paladar, el interior de los lados de su boca, al igual que su lengua completamente limpios.

 

Después de unos momentos de espera, sobre su lengua desprovista de objeto alguno, completamente limpia y totalmente fuera de su paladar, en su misma punta brotó una Sagrada Forma.

Este relato me lo contó varias veces a lo largo de estos casi cuarenta años Don José Díaz, más conocido por Pepe Díaz, el albañil del pueblo, del que tengo su declaración firmada.

Este hombre tuvo el privilegio de ver el milagro muy de cerca porque iba haciendo el cordón que protegía a Conchita y llevaba una linterna con la que pudo comprobar que en su boca no existía nada antes de la Comunión.

Don Alejandro Damians, de Barcelona, fue quien filmó la única película que existe de este acontecimiento. El no era profesional sino un simple aficionado que no conocía demasiado bien la máquina que llevaba; ésta se la había prestado un amigo en Barcelona que pensaba acompañarle a Garabandal, pero que en los últimos momentos le fue imposible hacerlo.

Por ello, este señor le explicó a Damians en unos momentos y muy por encima el manejo de dicha máquina. En estas circunstancias salieron para Garabandal y pudo quedar constancia de un hecho de tantísima trascendencia. Dios así lo quiso.

A este acontecimiento fue invitado Don Francisco Odriozola, sacerdote que formaba parte de la Comisión del Obispado, pero no asistió. Una carta de la vidente Conchita, a la que Nuestra Señora había escogido para efectuar el milagro, fue enviada al Sr. Obispo, comunicándole el citado hecho. Esta misiva fue llevada a dicha autoridad eclesiástica por Don Plácido Ruiloba, pero no se hizo ningún caso.

Conchita solicitaba la presencia de dichas autoridades de la Iglesia para que presenciasen el acontecimiento. De haber aceptado posiblemente se habrían evitado tantos juicios erróneos emitidos posteriormente sobre Garabandal.

Yo que estaba muy cerca de Conchita, acompañada de mi amiga María Cristina Díaz, no pude ver nada pues la avalancha nos lanzó contra una pared en el crítico momento.

Pero quien si tiene algo que decir sobre todo aquello que sucedió es mi marido. En el momento que Conchita salió en éxtasis a la calle él se encontraba frente a su casa, acompañado del empresario de Aguilar de Campoo Don José Francisco Noriega.

Mi marido al ver la avalancha decidió rápidamente cambiar de lugar e ir por detrás de la casa de Conchita, para bajar por una calleja y encontrarse de frente con la niña, pues suponía que ésta iría, como otras veces, a dar gracias al lado de la Iglesia.

Cuando mi marido llegó a la calleja se encontró de frente y bastante cerca con la vidente, aún en éxtasis, seguida de la multitud, donde todo era silencio y recogimiento.

El no sabia lo que había pasado, así que no podía estar influido por los hechos sucedidos, aparte que no es nada sugestionable sino más bien lo contrario, pero pudo observar en Conchita que llevaba su boca cerrada, que de todo el borde de sus labios emanaba una luz brillante y fuerte que él percibió con toda claridad, como si tuviese una luz dentro de su boca que se proyectase hacia afuera.

Esto le dejó muy impresionado y a un hombre que venia adelantado a Conchita le preguntó:

-- ¿Ha pasado algo?

y este le contesto:

-- Se ha realizado el milagro.

Instantes después la multitud comenzó a gritar, ¡milagro, milagro!.

Esta declaración de mi marido fue grabada por el Padre Jesuita Jorge Loring e incluida en un video realizado con testimonios sobre acontecimientos relacionados con Garabandal; posteriormente este material fue enviado al Vaticano para que quedase constancia de los testimonios recogidos en él.

María Josefa Villa de Gallego.
Santander.