Jaime Bertrand y Adela Mira de Bertrand

Jaime Bertrand y Adela Mira de Bertrand

 

Jaime dijo a un amigo suyo, lo que había sido su secreto durante años:

-- Que él había ofrecido su vista por la conversión de los pecadores y la salvación de las almas.

Como resultado de esto, perdió su vista, primero uno de sus ojos y un tiempo después el otro, lo que le ocasionó una vida de continuo sacrificio y sufrimiento. Fué capaz de llevar una vida casi normal, a pesar de su ceguera, pero con la inestimable ayuda de su esposa Deli (Adela), y de sus hijos.

Dios premió a Jaime por esto; muchas almas se convirtieron a lo largo de su vida; también Jaime dijo que:

-- Después de su muerte, muchos de sus amigos que no creen también creerán. Y así está sucediendo.

Durante su estancia en Garabandal, todo empezó a cambiar.

Monseñor Don Juan Antonio del Val, Obispo de Santander(1971-1991), retiró la prohibición existente y dió permiso a los Sacerdotes visitantes para celebrar la Santa Misa en la Iglesia del Pueblo, lo que había estado prohibido anteriormente. También fue un hecho muy notable la conversión del Dr. Morales que visitó a Jaime Bertrand, en su casa, en Garabandal. 

 

Jaime relata sus vivencias de los primeros años de conocer Garabandal:

Dice Jaime:

En el año 1961 viviendo en Villamayor en Asturias oimos hablar de la Apariciones de la Virgen a cuatro niñas en San Sebastián de Garabandal en Santander.

No prestamos mucha atención y pasaron los años y dejaron de pasar dichas Apariciones. Luego, poco a poco, en el ánimo de mi mujer fue entrando aquello de las Apariciones y fue teniendo una gran fé en las Apariciones que allí habían ocurrido y en los milagros o hechos inéxplicables que allí ocurrieron y siguieron ocurriendo en sucesivos tiempos.

Yo siempre me mostré escéptico. No porque no crea que la Virgen se pueda aparecer o no se pueda aparecer. Porque yo creo que si Dios es todopoderoso pues facilmente puede hacer lo que le venga en gana, entre otras cosas que su Madre venga a la tierra y se manifieste a los hombres.

Pero como había tanta gente que tenía fé en ello y sobre todo en mi propia casa pues entonces pedí una prueba irrefutable, como Santo Tomás: quiero meter el dedo en las llagas para poder creer que es verdad.

Yo, desde hace unos dieciocho años aproximadamente, entre quince y dieciocho años, perdí la vista. Tanto es así que de un ojo no veo nada y del otro no tengo mas que una pequeña luz que veo obstáculos borrosos y no veo más.

Entonces pedí a la Virgen que si era verdad sus Apariciones en Garabandal que me permitiera ver aunque no fuera mas que por unos minutos. Esa fue la petición que le hice para comprobar, manifestar y afirmar mi fé en aquellas Apariciones.

Pasado el tiempo, yo hasta me había olvidado de aquella petición que había pedido, aquella confirmación y en una ocasión, era el 13 de Junio del año 1973, dia de San Antonio, subí a Garabandal en coche con un hijo mío llamado Marcial, otra hija mía llamada María Dolores, un amigo extranjero llamado Joseph y yo. Y fuimos a San Sebastián de Garabandal.

Allí, como había muchísima gente, entre ellos había una peregrinación de norteamericanos, tuvimos que alojarnos en casa de una señora que alquilaba camas que se llamaba Cándida, una mujer del pueblo con una casa antigua, mas o menos cómodos pero alojados.

Y estando allí nos avisaron de que en casa de Ceferino, el padre de una de las videntes, Mari Loli, que tenía una taberna pues iban a proyectar una película sobre los éxtasis que habian ocurrido en Garabandal y comentada en una cinta magnetofónica pero en inglés.

Entonces yo dije que yo no iba a ir porque ni veía ni entendía el inglés y era una bobada que fuera para ver y oir una cosa que no podía ver ni oir y además ocupar un sitio para otra gente que podía ocupar el mio. Pero por tres veces insistieron que fuera y fuí.

Cuando llegué estaba la sala completamente llena de gente y me quedé en la puerta, apoyado sobre la puerta simplemente de pié y con la cabeza baja porque miré hacia la pantalla y no veia mas que una pequeña luz que resplandecía y no distinguía figuras ni nada de ninguna especie y me quedé con la mirada mirando hacia el suelo.

Pero en el trayecto de la proyección, en el trayecto de la manifestación de la cinta, como de inglés entendía algo porque en mi casa mi mujer habla inglés y algunos chicos hablaban inglés, iba mucha gente que hablaba inglés y me quedaba algo del hablar el inglés, oí en la cinta que decía: éxtasis Conchita. Entonces instintivamente levanté la vista y cual no sería mi sorpresa cuando miro para la pantalla y veo perfectamente a la imagen de Conchita y no de una manera así mas o menos imperfecta sino perfectamente porque le ví hasta las pestañas de los ojos, cómo salía del éxtasis, cómo pestañeaba, el blanco de los ojos, las pupilas, todo perfectamente como se vé normalmente.

Yo me quedé un poco extrañado y también un poco impresionado por dentro pero callé la boca y no dije nada a nadie y volví a bajar los ojos porque desde el momento que desapareció en la pantalla la proyección del éxtasis de Conchita yo dejé de ver otra vez. Entonces, transcurrido un tiempo, oí otra vez por la cinta que decía: éxtasis de Mari Loli. Entonces volví levantar la vista y me volvió a pasar lo mismo. Empecé otra vez a ver a Mari Loli en el éxtasis, salir del éxtasis, sus ojos, su pestañeo, sus movimientos, todo perfectamente y al pasar este pasaje de la película pues también volví a dejar de ver y volví otra vez a callar la boca y volví otra vez a mirar hacia el suelo.

De repente oí hablar del Padre Luís María Andréu que fue un sacerdote que murió en Garabandal (durante su viaje de vuelta) de felicidad al contemplar a la Virgen y el Milagro. Entonces volví otra vez a ver la realidad del Padre María Andréu, representado en la pantalla con toda perfección y una vez que pasó el pasaje este de la cinta, de la película, pues volví otra vez a dejar de ver.

Cuando nos íbamos a casa, al salir a la calle, lo comenté con los que venian conmigo: Mariquilla Pidal, Marcial, mi hijo, María Dolores, mi hija, y Joseph, el otro amigo que iba con nosotros.

Yo no recordaba en absoluto ya la petición que había hecho a la Virgen de que me diera esa prueba de que era una realidad las Apariciones de Garabandal y tanto es así que pasó todo un año y no presté atención a lo que me había pasado sin pensar que había sido la prueba que había pedido.

Pero al año siguiente, en el 13 de Junio precisamente coincidió otra vez nuestra visita Garabandal y coincidió que estando en la Iglesia oyendo Misa, yo soy de las personas que cuando vá a Misa me concentro en la Misa y no pienso en los demás, ni pienso en los que tengo al lado, ni pienso en otras cosas, pues había una cosa interna que me decía: Jaime, si aquello que tu viste fue la prueba que pediste. Y tanto insistió que entonces caí en la cuenta de que el año anteriror lo que me había ocurrido habia sido precisamente la prueba que había pedido a la Virgen de ver durante unos minutos para comprobar la veracidad de sus Apariciones en Garabandal.

Después, en distintas ocasiones, pues tuve muchas pruebas referente a los perfumes que emanan de los objetos besados por la Virgen. Tanto es así que ya llegué a creer que sería facil pedir porque pedías una cosa e inmediatamente te venía un perfume y estaba concedida.

Resulta que en muchas ocasiones y muy lejos de aquí, por ejemplo en Extremadura, me ocurrió el pedir por una petición que me hacían, como pedimos los cristianos unos por otros: reza por este caso mío, reza por este problema mío. Un amigo de allí me pidió que rezara por su abuela que estaba muy enferma para que tuviera una muerte dulce y pacífica y aquel dia pués rezé por la tarde.

Por la noche, cuando estaba en el paseo me vinieron unos perfumes que no se sabe uno explicar, no son perfumes naturales, es un perfume muy agradable y que no había razón ninguna ya que no me había lavado con jabón oloroso ni con nada.

Llevaba en el cuello una medalla besada por la Virgen y yo lo explico por eso. Tanto es así que llegué a casa de este amigo y allí juntos rezamos el Rosario, en pleno verano, en Extremadura, con cuarenta grados a la sombra, con los brazos en cruz, de rodillas, sudábamos la gota gorda, yo que padezco además de ciática, neodiscal, reuma, etc, aquello fue un trabajo enorme porque cuando llegamos por el tercer misterio me caía el agua a chorros por el rostro y por todos los sitios y estando allí volvió a venirme el perfume. Aquella misma noche me enteré que esta Señora había muerto dulcemente.

Adela Mira de Bertrand:

Garabandal para mí empezó en Villamayor. Oimos hablar, luego oimos hablar en contra, diciendo que el maestro tenía hipnotizadas a las niñas. Total que no nos ocupamos mas de Garabandal hasta que vinimos a vivir a Gijón, que una cuñada mia me empezó a hablar y yo me fui entusiasmando.

Pensé, me gustaría ir a Garabandal pronto. Esa misma noche encontré una persona, un amigo nuestro que nos llevó al dia siguiente. Fui con una hija mia, Adela, y otro señor de Madrid. Allí pasamos una noche. Yo pidiendo a la Virgen: si esto es verdad, que yo sienta algo en este pueblo.

Cada niña que conocía yo me emocionaba. Como habían estado tan en contacto con la Virgen, yo les preguntaba cómo era la Virgen y me respondían perfectamente. Sentí una proximidad de la Virgen hacia mí. Desde entonces el pueblo tiene un atractivo que no puedo explicar. Yo voy allá y siento como una alegría que no siento en otras partes. Siento como una alegría tremenda.

Estuve cuando el último Mensaje, el 18 de Junio de 1965, que ya Conchita había anunciado seis meses antes dicendo que San Miguel le daría el último Mensaje de parte de la Virgen para la Humanidad.

Había muchísima gente que ya estaba preparada para ese dia. Alrededor de tres mil personas habría allí. Todo el dia estuvimos esperando, desde luego haciendo penitencia, porque allí no había nada de nada, casi ni de comer, con mucho calor. Conchita estaba enferma también, resistió heroicamente también, porque creo que tenía bastante fiebre.

Muchísima gente se cansó porque llegaban las once de la noche y no pasaba nada y mucha gente marchó desilusionada pensando que no iba a pasar nada. Pasadas ya las once y media Conchita anuncia que la Aparición iba a ser en la Calleja, donde habían tenido lugar las primeras Apariciones.

Se corrió la voz, todo el mundo detras de ella. No había visto a ninguna niña en éxtasis, pero como había tantísima gente en aquela calleja tan estrecha quedé a unos diez metros o así, estábamos todos empaquetados, no nos podíamos mover. Conchita de repente cayó en éxtasis, entonces sí, la gente toda paró de hablar. Se oyó el golpe de la niña cuando cayó de rodillas, eso sí lo oí, porque fue en el momento que la gente paró de hablar, y estuvo como un cuarto de hora extática.

Conchita alzó la mano con el Crucifijo que dió a besar al Angel, fue lo único que ví. Lo que ví también y vieron muchísima gente fue una estrella pequeña que andaba y en el momento de caer Conchita en éxtasis, en el sitio donde estábamos todos, la estrella se paró y ahí mismo quedó parada todo el cuarto de hora que duró el éxtasis y entonces vimos como la estrella volvía otra vez hacia el cielo en la misma dirección que había venido.

Sentí, durante el éxtasis, la presencia de algo sobrenatural que no se puede explicar. Era completamente de noche. Estaba la televisión italiana y el NODO español, estaban allí con la niña muy cerca. Cuando ya terminó el éxtasis y cuando una linterna enfocó la cara de Conchita, entonces yo sí que ví la cara de Conchita ya fuera del éxtasis. Tenía una cara completa de felicidad. Una felicidad que le salía de la cara, fue una cosa que me impresionó verla así. Fue un momento solo pero yo ví esa cara. El Mensaje lo dió el dia siguiente escrito.

En Garabandal, cada vez que voy, siento como una alegría muy grande que no siento en otras partes.