Francisca Mañueco de Garay Testigo de las Apariciones

Francisca Mañueco de Garay Testigo de las Apariciones

 Francisca Mañueco de Garay

Testigo de las Apariciones

 

Francisca Mañueco de Garay, residente en Valladolid, relata su primera subida a Garabandal.

Fui a Garabandal el año 1961, cuando todavía lo conocía muy poca gente; por esto, en la cocina de Mari Loli sólo estábamos cinco personas. Como tuvo la primera "llamada" de que vendría la Virgen, nos quedamos allí y yo la dije:

-- Mari Loli, te dejo estos dos rosarios encima de la mesa, para que cuando venga la Virgen se los alcances a besar.

La niña se subió al fogón para estar al calor de la lumbre, mientras esperaba las otras "llamadas".

Cuando entró en éxtasis cayó desde el fogón al suelo y le crujieron los huesos de las rodillas; nos dio miedo de que se hubiera roto algo. Después la miramos y ni siquiera tenía rojas las rodillas; no la pasó nada.

 

Delante de mí cogió un rosario y se lo alcanzó a besar a la Virgen, y a continuación hizo igual con el otro. Una señora que también estaba allí dejó encima de la mesa una medalla grande de oro para que se la alcanzara a besar a la Virgen.

Cuando ya había besado mis rosarios cogió Mari Loli la medalla de la señora y con ella en la mano y con la mirada hacia arriba, salió a la calle.

Eran las doce de la noche y llovía a cántaros, y se fue hasta la puerta de la Iglesia. Las personas que estábamos en la cocina también fuimos con ella hasta la Iglesia. Regresó a casa en éxtasis y, al entrar en ella, volvió a su estado normal.

Mientras estaba en éxtasis era impresionante ver su cara, parecía nácar; era una transfiguración total de su rostro y, como siempre, llevaba el Crucifijo en la mano. Cuando se acercaba la mano a la cara parecía que no correspondía a la misma persona, porque sus manos eran rudas de trabajar en los pastizales.

Al "despertar" del éxtasis se acercó la señora dueña de la medalla y le preguntó:

-- ¿Dónde está mi medalla?.

Mari Loli le respondió:

-- Se me ha perdido.

La señora se apuró muchísimo porque era un recuerdo familiar, pero enseguida la tranquilizó la niña diciéndola:

-- No se preocupe; la Virgen me ha dicho que volverá a las dos de la madrugada y siempre que se nos pierde algo Ella nos dice donde está.

Exactamente a esa hora volvió la Virgen y cayó en éxtasis Mari Loli; hizo el mismo recorrido de casa a la Iglesia y seguía diluviando.

Como las calles tienen unas cuestas muy pronunciadas, el agua bajaba con mucha fuerza, desde los pinos hacia abajo, incluso arrastraba piedras. Al volver de la Iglesia hacia casa vieron que Mari Loli, sin dejar de mirar hacia arriba, metió la mano en un charco y todos dijeron:

-- Seguro que ya tiene la medalla.

Así fue porque al llegar al portal "despertó" del éxtasis, abrió la mano y la dijo a la señora:

-- ¿Lo ve cómo la Virgen nos dice siempre dónde está lo que se nos pierde?.

Nos quedamos asombrados, pero así sucedió.

 

Esto que sigue me lo contó una testigo.

Querían que la Santísima Virgen besase anillos falsos de matrimonio. La Virgen, como Madre, les pide que rectifiquen sus vidas.

Dos parejas se acercaron a Conchita y la entregaron cuatro anillos para que al caer en éxtasis se los alcanzara a la Virgen para que los besara; pero lo sorprendente fue que la Virgen no los besó y oyeron que la vidente decía:

-- ¿Que no los besas?... ¡Ah!, ¿entonces tengo que decirles que arreglen sus vidas y que sean buenos?.

Cuando terminó el éxtasis la niña se acercó al que le había entregado los cuatro anillos y le transmitió lo que la Virgen la había dicho; el que recibió los anillos se puso muy colorado y dijo:

-- Es que veníamos dispuestos a "echar abajo" esto de Garabandal si las niñas nos ponían el anillo a cada uno, ya que ninguno de los cuatro estamos casados y sólo compramos los anillos para esto.

Francisca Mañueco de Garay.