Una madre siempre espera al hijo

17.09.2011 18:09

 Una madre siempre espera al hijo

Ella está allí, hoy más que nunca nos afirmamos en la existencia de Dios, gracias a la Virgen

 


La Virgen dijo a Conchita en este lugar:
 Estaré siempre contigo y con todos mis hijos

 

Testimonios públicos de peregrinos

 

 

3 de Octubre del 2004.

Este verano he estado en Garabandal, siempre tuve ganas de ir. Yo si creo totalmente en estas apariciones y no me baso en los miles de hechos extraordinarios, ni en la sencillez de la gente que allí vive, ni la humildad de las niñas, pues tuve la suerte de conocer en persona a Jacinta.

Cuando uno va allí nota que ese lugar tiene algo especial, sentí la misma sensación como cuando fui a Asís o a Lourdes, son sitios en los que se siente que el Señor ha actuado.

Si queréis saber más sobre Garabandal aparte de recomendaros que vayáis allí, leáis los libros que recogen los testimonios de la gente del pueblo o sencillamente preguntéis a la gente si vais por allí.

Leeros libros como el diario de Conchita o "Garabandal el pueblo habla". Os podría también recomendar un DVD que recoge testimonios e imágenes reales realmente sorprendentes, se llama "Garabandal: los testigos oculares".

Mucha gente podrá estar en contra de esas apariciones, pero a esa gente les invitaría que profundizaran más en el mensaje que la Virgen allí dijo y en la cantidad de hechos extraordinarios que pasaron.

Por poneros un ejemplo yo en el pueblo estuve subiendo lo que se llama la calleja, un camino empedrado que sube a unos pinos en el que si no vas atento te doblas un tobillo.

Las niñas en éxtasis subían y bajaban el camino con la cabeza mirando al cielo y a paso ligero.

Cuando ves las imágenes, cuando la gente te cuenta que es cierto y cuando tú mismo vas allí y compruebas que hacer eso es imposible, pocas dudas te quedan entonces. Os confesaré que intenté bajar el camino como lo hacían las niñas y no pude dar ni un paso sin evitar casi caerme.

 

16 de Noviembre del 2004

 

 

No voy a contar nada sobre Garabandal que no se sepa o escrito esté. Solo puedo decir que descubrí este sitio en Primavera de este año navegando por Internet. Podría decir mil adjetivos sobre lo que siento y experimento cada vez que voy allí. Tengo una promesa conmigo mismo y procuro ir una vez al mes.

Llevaba muchos años alejado de la práctica religiosa, aquello de no practico pero creo. Gracias a Garabandal, he vuelto a la senda practicante:

-- ahora rezo como nunca y siento que la energía que transmite la Virgen ha sido lo que definitivamente ha cambiado el rumbo de mi vida: las cosas han empezado a ir bien, lo negro se transforma en blanco y el haberme entregado a ella espiritualmente, me ha servido para descubrir que una madre, siempre espera al hijo.

 

28 de Noviembre del 2004

 

 

Diré dos cosas:

La primera, es que el mayor favor de la Virgen, me lo ha hecho a mi mismo, llevándome hacia un camino que siendo conocido, estaba olvidado y he vuelto a redescubrir gracias a ella.

Y segunda, y tremendamente importante para mi: hubo algo que ocurrió en cierta visita que realmente me impresionó; había allá un grupo que deduje por mi mismo, tras observarlos durante mucho tiempo, que tendrían que ser de alguna congregación cerrada, no me atrevo a decir secta, porque puedo equivocarme en mi apreciación.

Yo siempre voy con otra persona y, nos pusimos a dialogar sobre lo mal que nos parecía que ese grupo estuviera allí dialogando de esa forma tan irrespetuosa.

Pasado un tiempo, nos acercamos como de costumbre al árbol para despedirnos de la Virgen hasta la próxima visita.

Cual fue mi sorpresa que, diciéndole yo a la Virgen que me parecía mal lo de ese grupo, de repente hubo un olor a rosas que impregnó el lugar.

Yo miré a la otra persona como preguntándole si ella había percibido lo mismo que yo, y al cruzarnos la mirada, me dijo:

-- "Sí, huelo a rosas".

 A lo que le pregunté :

-- ¿Y en qué estabas pensando?

Respondiéndome:

Hablaba con la Virgen sobre lo que hemos hablado antes, sobre lo mal de que este grupo esté aquí. Y, al volver a fijar nuestras vistas en la Virgen, por segunda vez apareció el olor a rosas, desapareciendo instantes después.

Nos fuimos de allí realmente impresionados por lo que habíamos sentido los dos y, por el regalo que nos hizo la Virgen concediéndonos que oliéramos ese increíble olor a rosas.

Esta otra persona, por diferentes motivos, ha sufrido mucho en su vida y estaba realmente tibia ante la religión, más próxima al ateísmo que al alejamiento en el que me encontraba yo.

Puedo decir que esta persona sonríe ahora como nunca desde ese día y desde que yo la conozco. De ahí que nos hemos convertido en fieles devotos de Garabandal y procuramos ir en peregrinación una vez al mes a modo de dar gracias a la Virgen por habernos dado lo que jamás esperábamos:

Una prueba de que Ella está allí y de que hoy, más que nunca, nos afirmamos en la existencia de Dios, gracias a la Virgen.