La presencia y acción manifiesta del Arcángel Miguel - Por el P. Eusebio de Pesquera

21.09.2011 11:03

 La presencia y acción manifiesta del arcángel miguel


Por el P. Eusebio de Pesquera

         

Creo que ésta es la primera vez – la única – que se ha manifestado esta presencia, desde el principio de lo que suele llamarse la era Marial que empezó, digamos, con la aparición de la medalla milagrosa de la Virgen en París en 1830.

Garabandal, que ya podemos considerar hecho “histórico”, se abrió y se cerró con la intervención de San Miguel: desde el 18 de junio de 1961 hasta el 18 de junio de 1965. Ni las niñas ni los testigos podían medir la importancia de esta participación. A ver si nosotros podemos.

La enseñanza católica siempre ha presentado a San Miguel como el primero de todos los seres o espíritus celestiales. Es el instrumento de Dios en todas sus más grandes tareas. Es él quien ejerce la vigilancia a la cabeza de los elegidos: guardián de la sinagoga en su día, y ahora de la Iglesia. Es él, que como ‘Príncipe del Ejército celestial’, encabeza las huestes en su batalla contra las Potencias del abismo.

En el último libro de la Sagrada Escritura, cuyas páginas cierran la historia de la Salvación, S. Miguel aparece como el ángel de las últimas y decisivas batallas. Bien podemos preguntarnos, entonces, si es que hemos entrado en la última etapa, la conclusión de la historia. La época en que Satán estaba “impedido de dañar a las naciones” (Apocalipsis) ha evidentemente pasado. Hoy las naciones que formaban la Cristiandad han abjurado desvergonzadamente, declarándose oficialmente ateas, o han concluido por aceptar, en su ley, una ignorancia oficial de Dios.

León XIII tenía sus propias, potentes, pero poco conocidas razones, para ordenar, al final de toda misa, rezada o cantada, la oración que empieza con: ”Arcángel San Miguel, defiéndenos en el día de la batalla”. Esta oración se mantuvo hasta precisamente los días de Garabandal, cuando la Jerarquía creyó oportuno eliminar las oraciones después de la misa. Esto no nos autoriza a pensar que esas oraciones fuesen inútiles, ni que podamos ahora abandonar la invocación a S. Miguel, por haberse ya ganado la batalla. La situación actual en la Iglesia y los signos de los tiempos tienden más bien a hacernos pensar lo contrario.

Tal vez las grandes jornadas apenas han empezado, y la Mujer enemiga del Dragón, aliada con el Ángel de las batallas finales, están a punto de emprender la acción decisiva en medio de nosotros. Debemos prestar estrecha atención a lo que nos puedan exigir.

Una tarde de septiembre de 1961, Doña María Herrero de Gallardo se encontraba sola con Conchita en la cocina de ésta. Aprovechando la oportunidad, dijo Doña María: “Cuéntame de la Virgen, Conchita.”

“-¿Qué quieres que te cuente? ¡Hay tanto que decir! Un detalle es muy interesante: Cuando reza el Gloria, la Virgen inclina la cabeza con extraordinaria reverencia. Otro detalle: su manera de mirarle a uno. Da la impresión de que más bien que mirándole a uno, está mirando al mundo entero. ¡Y de modo tan especial! ¡No creo que nadie más pueda mirar de esa manera!

“¿Y qué dices de San Miguel?”
“Que todo empezó con él. Vino por primera vez el 18 de junio precedido de un relámpago y algo como un trueno que nos impresionó mucho.”
“--Esto no me sorprende, Conchita. ¿No sabes que San Miguel es el Príncipe del ejército celestial, el abanderado de Dios, el conquistador de Satán, etc.?”
-- No, la verdad es que no sabía nada de todo esto”.

¿Quién puede decir que la presencia de tal persona en Garabandal no indicaba que habíamos entrado en los tiempos decisivos descritos en el último libro de las Escrituras?

Un día, en las márgenes del Tigris, Daniel, el viejo profeta de los tiempos escatológicos que vendrán, oyó una voz que le decía: “En aquellos días surgirá Miguel, el gran príncipe, el defensor de los hijos de tu pueblo, y será un tiempo de angustia, tal como no lo hubo desde que existen las naciones (Daniel 12:1-3)

En toda sinceridad, mis amigos, les confieso mi impresión de que la presencia tan manifiesta de S. Miguel en Garabandal nos da mucho en que pensar.