El niño ciego y mudo que curó con el beso de la Virgen

16.09.2011 22:27

Alberto Gutiérrez Oreña

El niño ciego y mudo que curó con el beso de la Virgen

 


Por el beso que he dado aquí mi Hijo hará prodigios.

 

Alberto Gutiérrez Oreña es un niño de 4 años de edad, gravemente herido en accidente de tráfico, con conmoción total, ciego y mudo durante dieciocho días. Recuperó el habla y la vista tras la imposición de la medalla de la Virgen del Carmen de Garabandal el 18 de enero de 1966.

 

14 de octubre de 1966

Pilar Oreña Gutiérrez, madre del niño, dice:

Mi hijo de cuatro años había sido victima de un accidente de automóvil; estaba hospitalizado en la Casa de Salud Valdecilla de Santander en estado de conmoción total que duró dieciocho días sin ver, ni oír y sin articular palabra y yo, en medio de mi pesimismo ante lo irremediable, dejé una medalla de Nuestra Señora de Garabandal que me dio la señorita Aurora Diez Alvarez de Santander.

Cuando mi hijo aún no hablaba, le coloqué en el cuello dicha medalla cuya efigie recordaba las Apariciones de la Virgen María en Garabandal. Inmediatamente de hacer esto, la criatura comenzó a hablar normalmente.

Hoy, al cabo casi de un mes, mi hijo se halla en un estado físico y psicológico normal. Por ello me complazco en testificar este caso.

 

Sobre esta curación escribe Doña María Herrero de Gallardo al Padre Andréu.

Dice María Herrero:

Acabo de volver de un corto viaje y me esperaba Aurora Díez con la sensacional noticia de otra curación milagrosa de la Santísima Virgen de Garabandal.

Hace unos días que había entregado yo a Aurora una medalla de las que ha mandado hacer el Padre Laffineur y que me había sido entregada por Aniceta, madre de Conchita. Como bien sabe Ud. están todas ellas pasadas por un objeto besado por la Santísima Virgen.

Esta amiga se la llevó a Pilar Oreña, señora de Gutiérrez, que vive en Santander.

Esta señora y su marido estaban resignados a ver morir a su hijo de cuatro años ciego, mudo y además, con una pierna rota, accidentado 20 días antes por un coche y totalmente desahuciado por los médicos de Valdecilla. Esperaban su muerte con santa resignación.

Al imponerle la medalla, la madre invocó y rezó a la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen de Garabandal. Todavía no había llegado Aurora Diez a su casa cuando el niño estaba ya curado.

La llamaron corriendo y creo que el niño, al recobrar primero su sentido, dijo:

-- ¡Pero si no veo!

O sea, que recobró también antes el habla y a continuación exclamó:

-- ¡Oh, ya veo! Y recobró la vista.

Ha sido una curación prodigiosa y en el Hospital Valdecilla le llaman "Lázaro", al niño, por su repentina resurrección.