Conversión de julio

16.09.2011 22:44

 Conversión de julio

 


Loli, Conchita y Ascensión, rezando en los pinos

 

Entre los recuerdos de Ascensión de Luis Sagredo, más conocida por Chon, hay uno muy conocido que es la conversión de la judía Muriel Catherine que vino desde París a estudiar español en Burgos. Vivió en su casa y se convirtió en Garabandal. Otra conversión que impactó mucho a Chon fue la de Julio, que fue presidente de la Cruz Roja en Santander durante la guerra.

Foto: Ascensión en 1985, cuando contó ese relato.

Dice Ascensión:

La familia de Julio en Santander me era muy querida. El marido, Julio, era muy buena persona pero era comunista. En varias ocasiones, durante mis subidas a Garabandal, he estado en su casa. Julio era ateo pero me estimaba mucho.

Recuerdo que me dijo:

-- No puedo comprender cómo, una persona inteligente como Usted, pueda creer en esas cosas.

Julio había estado en Garabandal y su esposa me dio unas medallas y me dijo:

-- ésta es para mi marido.

La esposa de Julio tuvo una hermana que fue monja de clausura.

Subí al pueblo y cuando volví me dijo Julio.

-- Chonín, cuéntame cómo te fue.

-- Imagínate lo que te traigo: una medalla besada por la Virgen para ti.

-- ¿Para mí?

-- Sí, para ti. Le pedí a la Virgen que la besase para ti.

Respondió Julio:

-- Mira, teniendo en cuenta que tú lo has querido y que yo no quiero herir tus sentimientos, me la quedo.

Pasaron unos dos años y un día me di cuenta que mi rosario olía fuertemente a una fragancia como de rosas. Había hecho la promesa de no usar perfumes. Conchita estaba conmigo por unos días, antes de irse al Colegio. Para mí la Virgen de Garabandal era lo mas importante de todo y estaba atento a todo lo que se decía de Ella.

Algo me quería decir la Santísima Virgen con aquella intensa fragancia que me recordaba la conversión de Catherine, la visita de Conchita y muchas cosas relacionadas con Garabandal. En esto que me llaman por teléfono y era Julio, que estaba en Burgos. Julio y su esposa me llamaron desde el hotel diciéndome que les gustaría hablar conmigo en el hotel.

Este día, Catherine estaba aquí y las dos fuimos al hotel. Julio me saludó:

-- ¿Cómo te va Julia con todo lo de Garabandal?.

-- ¡Muy bien, Julio, muy bien!.

le contesté. Pedí a la Virgen que Julio pudiese oler el perfume del rosario porque sería una gran prueba para él. Le dije:

-- Julio, toma este rosario y dime a que huele.

él lo tomó y me dice:

-- Bueno pues a algo como incienso pero no es incienso. Como si hubiera sido guardado en un bolso perfumado de señora.

Le dije:

-- Sabes muy bien, Julio, que en estas cosas de Dios soy muy cuidadosa y jamás mentiría. Te aseguro que el rosario no estuvo en ningún bolso perfumado y que huele a rosas para ti lo mismo que para mí.

Poco después, volvió la fragancia que todos pudimos percibir. No dije nada pero su esposa exclamó:

-- Oh Julio, ¡qué maravillosa fragancia acaba de pasar!.

Julio tenía el rosario en la mano y Catherine y yo también lo habíamos sentido. Julio, un poco nervioso y pensativo, me lo devolvió.

Sucedió algo singular con este rosario. Las fragancias pasaban de él a la mano del que lo tenía. El rosario cesaba de dar estos preciosos olores en tanto que seguían cada vez más fuertes en la mano del que lo tuvo. Se veía claramente que Dios quería algo de Julio.

Por esta causa le pedí la mano a Julio:

-- ¡Oh Dios mío, qué olor más maravilloso a rosas frescas!.

Él trataba de ignorarlo pero pedí a los demás que oliesen la mano de Julio y todos comprobaron que el olor estaba allí. Era ya de noche así que prometí visitarles al día siguiente. Cuando volví, su esposa salió a mi encuentro llorando y me dijo:

-- Oh Chonín, qué noche hemos pasado. Julio esta durmiendo porque no ha podido dormir en toda la noche.

He estado todo este tiempo rezando, mientras Julio intentaba quitarse el olor de la mano y no hubo manera. Lo intentó lavándose la mano de varios modos y no pudo. Además, por ser un gran fumador, su mano olía mucho a tabaco pero ahora resulta que ya no huele a tabaco sino a ese misterioso perfume y esto fue lo que mas le impresionó. El fuerte olor a tabaco había desaparecido de su mano y ahora olía a rosas frescas.

Es así como pasó toda la noche, pensando como podía cambiarse el olor a tabaco por el de rosas. Continuó fumando esta noche pero la mano olía a rosas. Vino Julio y me preguntó:

-- Has traído el rosario.

-- Sí.

Y se lo di. Dijo Julio:

-- hoy no huele.

Le dije, no siempre huele. Solo huele cuando la Virgen así lo quiere. Julio me dijo:

-- Chonín, ¿qué me esta pasando?. Yo soy un hombre sin fe, soy un ateo.

Lo que te pasa es que te has alejado de Dios y la Virgen no se olvida nunca de sus hijos que se han alejado de Ella. Ella te ha buscado y te ha encontrado.

Entonces Julio empezó a llorar. A su vuelta a Santander, un día, Julio estaba tomando un café y surgió el tema de Garabandal. Sus amigos que le conocían ateo convencido, le oyeron decir:

-- Os tengo que decir que todo lo que ha sucedido en Garabandal es verdad y que he recibido una prueba, impresionante para mí.

Lo explicó y sus compañeros estaban maravillados. Julio tendría unos 67 años y cuatro años después murió en la paz del Señor después de haber recibido con devoción todos las Sacramentos de la Iglesia.