Conversión de Bárbara Pointer

16.09.2011 22:40

 SÍ, AHORA ELLA CREE

Conversión de Bárbara Pointer

 

En este relato Loli escucha de la Santísima Virgen todo lo que Bárbara debe hacer

 

Conversión de Bárbara Pointer

Bárbara relata, en septiembre de 1962, cómo fue su primera subida a Garabandal que significó el principio de su Conversión y Bautismo.

Dice Bárbara:

Este es el segundo verano que paso en Asturias. El año pasado oí hablar de los sucesos de San Sebastián de Garabandal y, como es natural, estaba muy interesada, aunque me fue imposible visitar el pueblo. Este año mis amigos estaban decididos a llevarme allí.

Yo había sido bautizada en la Iglesia Anglicana, pero nunca he asistido a ningún servicio religioso. Durante algún tiempo me había sido imposible creer en ningún Dios, convenciéndome a mí misma que todo podía explicarse a través de la ciencia aunque no tenía ideas muy claras sobre ello.

Llegamos a San Sebastián de Garabandal hacia las 6 de la tarde del día 29 de agosto de 1962. Me impresionó mucho lo aislado que estaba el pueblo y también su aparente pobreza. Paseamos hablando con las cuatro niñas y con otros varios habitantes del lugar.

 


Observé, particularmente, la sencillez de la gente y el dato de que aceptaban las visiones como parte de su vida. No estaban ni especialmente felices ni tristes por causa de ellas. Las niñas eran amables pero reticentes en cuanto a sus vivencias.

Pronto empecé a sentirme avergonzada y azarada al oír todas las preguntas que las hacían, pues me parecía que estas vivencias eran demasiado íntimas para poderlas explicar a todos los curiosos que iban allí, más como curiosos que como creyentes.

Más tarde mis amigos fueron a la iglesia para rezar el Rosario. Decidí ir con ellos, no sin gran asombro por su parte, ya que nunca me había unido a ellos para rezar.

Me quedé fuera de la iglesia, pero lo suficientemente cerca del porche como para oír las oraciones y pronto me sentí grandemente conmovida y turbada. En un momento dado tuve que hacer un esfuerzo considerable para no desmayarme y creo que en este momento recé para que me fuese dada la fe, aunque ahora no puedo recordarlo claramente.

Más tarde volvimos a la casa de Maria Dolores, donde pasamos el resto de la noche. La noche era muy hermosa y yo tenía una sensación de gran paz y tranquilidad. No sentía ninguna ansiedad ni miedo y no parecía importarme nada el tiempo que tuviésemos que esperar allí al éxtasis o, incluso, si no hubiese visión alguna. De alguna manera yo sabía que la visión iba a tener lugar a las cinco de la mañana, aunque no estoy segura de como logré esta información.

Estaba fuera de la casa cuando comenzó el trance y, cuando entré en ella, Loli estaba arrodillada en la cocina. Todavía de rodillas pasó de la cocina a la habitación, donde todos nos habíamos colocado en círculo para poder verla mejor. Nos ofreció a todos por turno el Crucifijo para que lo besásemos.

Al principio yo me sentía reacia a besarlo, pues me parecía una hipocresía por mi parte, pero la niña insistió. Nos dio el Crucifijo a cada uno de nosotros varias veces. Observé que estaba mirando hacia el Cielo todo el tiempo sin titubear ni un momento, alzándose hacia arriba cuando le tocaba el turno a un hombre o a una persona alta.

Finalmente se paró delante de mí y su padre me dijo que escuchase lo que estaba diciendo. Repitió la frase varias veces:

-- La gente viene sin creer y se ríe y no quiere creer.

Esto me conmovió tanto que no pude seguir escuchando. Ante la insistencia del padre de la niña la toqué el brazo e intenté moverlo, pero me fue completamente imposible hacerlo.

Entonces volví a escuchar lo que estaba diciendo y era como si estuviese hablándome a mi:

-- ¿De veras no cree?

Dijo varias veces; y luego:

-- Sí, ahora cree.

Al llegar a este punto, sin darme cuenta de lo que hacía, caí de rodillas, pero completamente en contra de mi voluntad la niña me levantó, hizo sobre mí la señal de la Cruz varias veces y todavía arrodillada se dirigió a la cocina, donde yo la seguí. Allí volvió a coger el Crucifijo y una estampa de la Virgen que ofreció para ser besados.

Una vez más nos ofreció el Crucifijo a cada uno de nosotros por turno y me dio la estampa a mí.

Cuando Loli salió del trance me dijeron que deseaba hablar conmigo. Me dio un mensaje de parte de la Virgen, el cual me repitió dos veces y después lo escribió en el dorso de la estampa para que no se me olvidase.

Entonces estuvimos hablando las dos durante unos minutos. Me preguntó que si yo era feliz y que si estaba bautizada. Contesté que no casi en contra de mi voluntad, pues soy anglicana. Ella entonces me preguntó que si tenía padres y cuando contesté dijo:

-- Que la bauticen.

Loli habló de su visión; solamente se la había aparecido la Virgen, pero habían hablado de muchas cosas que no podía repetir.

Todo esto me había conmovido mucho, pero después sentí una gran felicidad. Me fui de allí muy contenta, pero con un gran deseo de volver. Después de esta visita a Garabandal volví otras dos veces que también fueron muy emocionantes, aunque no tanto como la primera vez pues ahora ya sabía lo que era Garabandal y lo que allí había.

Firmado,

Bárbara Pointer.