¿Porqué apareció María como Nuestra Señora del Monte Carmelo? -Por el P. Alfred Combe

21.09.2011 10:44

 ¿Porqué apareció María como Nuestra Señora del Monte Carmelo?


      Por el P. Alfred Combe

Cuando Nuestra Señora aparece a sus hijos en tierra bajo una advocación determinada, es en general con un propósito concreto. Cuando en 1858, en Lourdes, la joven Bernadette Soubirous preguntó a “la hermosa señora” quién era, ella respondió: “Soy la Inmaculada Concepción”. Evidente ratificación del dogma de la Inmaculada Concepción proclamado, unos pocos años antes (en 1854) por el papa Pío IX. En 1917 Nuestra Señora vino a Fátima como “La Señora del Rosario”, para destacar esa tan poderosa oración e instarnos a usarla para pedir el perdón de Dios y la ayuda y protección de Nuestra Señora ante los hechos catastróficos que se avecinaban con la segunda guerra mundial y la difusión del comunismo ateo.

¿Porqué entonces se presentó la Virgen a su llegada a Garabandal como “Nuestra Señora del Monte Carmelo”? ¿Qué significa ese nombre para los cristianos de hoy día?

 

Un tema divino

Mirando de nuevo a Lourdes empezamos a vislumbrar un tema divino en desarrollo. La bendita Virgen hizo su última aparición en Lourdes el 16 de julio de 1858, en la fiesta Nuestra Señora el Monte Carmelo. Durante la aparición final en Fátima, el 13 de octubre de 1917, durante el “milagro del sol”, la Virgen apareció primero como había estado apareciendo a los tres niños pastores, con su corazón doliente visible. Y luego apareció como Nuestra Señora del Monte Carmelo, con “algo colgando de su mano derecha.” Sin duda “algo” era el escapulario. Cuarenticuatro años más tarde Nuestra Señora apareció en el villorrio montañés de San Sebastián de Garabandal, en el norte de España, con un prominente escapulario marrón atado a la muñeca derecha.

 

Título y Sacramento

En 1251 María, teniendo un escapulario en la mano, apareció como Nuestra Señora del Monte Carmelo ante san Simón Stock, General de los monjes Carmelitas, y le inspiró la creación de una cofradía cuyos miembros deberían llevar el escapulario y dedicarse al servicio de la Virgen. Desde entonces, el título “Nuestra Señora del Monte Carmelo” y el escapulario han permanecido inseparablemente vinculados.

Es también tradición entre los carmelitas que cuando Elías (el profeta del monte Carmelo) cubrió con su manto a Eliseo para impartirle su espíritu, su acto era una prefiguración de la Virgen cubriendo a sus hijos con el escapulario. Es de la más alta importancia para los católicos que viven hoy, cuando entramos en horas tenebrosas para la humanidad, el estar consagrados por el escapulario a la Madre celestial, y así puestos bajo el manto de su protección. En el mismo sentido reza una profecía atribuida a Santo Domingo: “Vendrá un día en que por el rosario y el escapulario Nuestra Señora salvará al mundo. “

Pero, aparte de esta vinculación con el escapulario ¿tiene el título “Nuestra Señora del Monte Carmelo” algún otro significado?

 

Carmelo – símbolo de belleza

El Carmelo es una montaña de antigua fama próxima a la moderna Haifa. Su nombre hebreo significa “jardín” o “vergel”. Se lo llamaba así en épocas remotas, debido a sus faldas bien irrigadas, cubiertas de abundante y variada vegetación. De modo que su nombre entró al verso bíblico como encarnación de las ideas de belleza y abundancia. En el cántico de Salomón, el novio, deslumbrado ante la belleza de la novia, le dice: “Llevas alta la cabeza, como el Carmelo…¡Qué hermosa eres! ¡Oh amor, oh deleite!”

Anunciando la liberación de Israel, Isaías profetizaba: “Le será dada la gloria del Líbano, la hermosura del Carmelo y del Sarón. Se verá la gloria de Yavé y la magnificencia de nuestro Dios.” En su piedad, inspirada por el Espíritu Santo, la Iglesia tomó esta imagen bíblica para describir a la bendita Virgen, “Flor del Carmelo, viña fructífera, esplendor del cielo.” Y de veras que en Garabandal las cuatro niñas videntes estaban en éxtasis ante Nuestra Señora del Carmelo, arrobadas por su belleza. Así, por su título, Nuestra Señora del Monte Carmelo, la bendita Virgen, la enteramente hermosa, enteramente santa, enteramente buena, la alegría de Dios nos recuerda, como en el Magnificat, las maravillas que Dios hizo para ella – y para nosotros. Si trata, por su belleza, de atraernos a su corazón ¿no es para hacernos oír su mensaje de salvación y atenernos a él?

 

El Carmelo, símbolo de fe

Así como el monte Horeb, en el Sinaí, nos recuerda a Moisés y la Ley, el monte Carmelo evoca a Elías y los profetas. Es el Monte Sagrado, el monte inspirado.

En la época de Elías, el reino de Israel se encontraba en estado calamitoso. Falsos sacerdotes y profetas por centenares, protegidos por la corte, predicaban abiertamente el culto de Baal. Además de esta idolatría menudeaban la corrupción, la injusticia y el crimen. Esta situación amenazaba aún al fundamento de la fe de Israel.

Hombre de fe

 

Fue entonces cuando apareció Elías. Solo frente a los sacerdotes y profetas de Baal, solo frente al rey y al pueblo, solo frente a las fuerzas de descomposición, Elías surgió como un campeón de lo absoluto. Hombre de oración y de penitencia, de contemplación y de acción, de osadía y de humildad, incorruptible ante los grandes, compasivo con el pobre y el viudo, consumido por el fuego de Dios, Elías predicó la conversión al Dios vivo de Abraham, Isac y Jacob.

Después que todo Israel se hubo plegado al culto de Baal, Elías reunió a toda la población y a los 450 falsos profetas en el monte Carmelo y propuso una prueba. Tanto él como los falsos profetas implorarían a Baal para que mandase fuego y luego Elías imploraría al Señor. Todos convinieron en que el sacrificio que se encendiera revelaría al verdadero Dios. Los profetas de Baal, tras largas horas de preparación, de danzas en derredor del altar y de penitencias cortándose con espadas, fueron incapaces de conjurar fuego alguno. Luego Elías imploró al Señor y bajó del cielo un fuego que consumió, no sólo el sacrificio, sino también el altar. Y viendo esto los israelitas, se postraron en adoración del verdadero Dios.

Gran popularidad trajo esto a Elías y su nombre quedó definitivamente ligado al del monte Carmelo y a su prueba espectacular en testimonio de Dios. Desde entonces, el monte Carmelo ha quedado como un símbolo de conversión y de retorno a Dios.

 

Falsos profetas


Hoy todas las fuerzas del mal se conjuran contra nuestra fe cristiana, a veces abiertamente, más frecuentemente disfrazadas de profetas o como lobos vestidos de ovejas. Los falsos profetas atacan nuestros dogmas más consagrados y se empeñan en desvirtuar los más importantes valores místicos, ascéticos, morales, espirituales y humanos de nuestro tiempo.

Mujer de fe


Como Elías, pero más que Elías, por ser reina de los profetas, María nos repite la palabra perdurable de Dios. “Debéis convertiros” (Actos, 3:19.) En Garabandal dijo: “Debemos hacer mucha penitencia. Si no cambiamos, nos vendrá un castigo.” Nos recuerda lo absoluto en la Eucaristía y en el sacerdocio. “Debemos visitar frecuentemente al Santísimo Sacramento…Muchos cardenales, obispos y sacerdotes van por el camino de la perdición.” Como co-redentora nos presenta lo absoluto de la Cruz y del sacrificio. ”Debemos hacer muchos sacrificios…Pensad en la pasión de Jesús.” Y como es la Inmaculada, nos llama a la perfección. “Ante todo, debemos ser muy buenos.”

 

La clave

 

Al fin empezamos a ver porqué la bendita Virgen vino a Garabandal como Nuestra Señora del Monte Carmelo – ese símbolo de protección materna, de fe y de conversión.
En una locución el 20 de julio de 1963, Nuestro Señor dijo a Conchita que como resultado del milagro “Rusia se convertirá y todos amarán nuestros Corazones.” Con sólo meditar sobre esto comprobamos que no podemos siquiera imaginar todo el impacto que los hechos de Garabandal tendrán en el mundo. Tal vez el verdadero significado del título que tomó la bendita Madre en Garabandal deba quedar reservado al futuro. Y he aquí un detalle que merece atención: de un lado del escapulario que llevaba la Virgen en su muñeca en Garabandal había una cruz; del otro lado había un monte.